Publicado por: MontePituco | 16/03/2014

‘AMIGOS DA TERRA’ SOBRE A PRAGA DE ACACIAS

Acacias no monte de Salcedo, preto da Fonte da Prata.

El peligro de las acacias

Este árbol exótico desplaza al resto de la flora y la fauna

Artigo de Antón Lois, de Amigos da Terra. 16 de marzo de 2014

Para el calendario aún faltan días, pero para la naturaleza ya es primavera, y el amarillo presente en cuanto pedazo de naturaleza observemos nos lo anuncia. Pero si hay un amarillo que destaca, en cantidad e intensidad, es el de las mimosas, flores de acacias bonitas, pero muy problemáticas. La explosión de sus flores presentes masivamente a nuestro alrededor es el indicador de uno de sus problemas: se trata de una especie exótica terriblemente invasora.

Imaginamos a los árboles como seres estáticos, y ciertamente no existe ningún caso conocido de árbol que salga corriendo. De poseer esa capacidad hace tiempo que los árboles de Vigo habrían salido huyendo para salvar la vida. Pero las masas forestales en conjunto se mueven, avanzan y retroceden a veces a gran velocidad. Es el caso de las acacias.

La primera noticia de un ejemplar naturalizado en Galicia es de 1945, y 40 años después ya se habían extendido por la geografía gallega. Vigo no es una excepción y la presencia de acacias, además de los ejemplares monumentales que encontramos en los parques, es constante en todos los montes periurbanos e incluso en muchos solares de la ciudad. Su capacidad invasora se puede comprobar, por ejemplo, en el parque de A Guía, en el que su ladera norte ya es prácticamente solo un manto de acacias.

Cuando además disponen de espacio, su expansión es incontenible y su densidad alcanza niveles de plaga, como bien saben todas las comunidades de montes desde Cangas hasta A Guarda. Al ser una especie exótica carece de enemigos naturales que limiten su expansión y al ser un árbol extraordinariamente eficiente, de crecimiento muy rápido, inhibe cualquier posible competencia con la vegetación autóctona. Esa eficiencia se traduce a su tejido germinal (aunque se corte, rebrota de sus raíces hasta un metro de profundidad) y a sus semillas, diez mil por árbol, que mantienen su potencial de germinación en el suelo durante cinco años. Encima, las favorece el fuego.

Es un problema serio porque además del empobrecimiento ecológico general, las acacias aumentan la acidez del suelo y desplazan a todo el resto de especies, de flora y fauna. Sus flores son preciosas, pero hay bellezas que matan. No hay mejor proceso para comprender las consecuencias de una invasión biológica que pasear por un monocultivo de acacias y comprobar que nada, absolutamente nada, crece debajo, y escuchar el silencio, la falta de inquilinos naturales, en su interior. Pero no existen árboles buenos o malos, sus maldades o bondades son calificativos que les otorgamos los humanos en función de lo útiles que nos resulten. Lo que sí es mala, es la idea de sacarlos de su hábitat natural (justamente en nuestras antípodas) para convertirlos aquí en monocultivos. De esa mala idea, los árboles no tienen la culpa aunque pagan, y pagamos todos, las consecuencias.

La regeneración ecológica

A estas alturas creo que somos poco sospechosos de justificar las talas, pero a veces cortar es la única solución para evitar un mal mayor. El problema es cuando solo se corta sin nada detrás. En estos casos conviene buscar ejemplos de buenas prácticas, que ilustren de forma concreta y contrastada lo que debemos hacer para solucionar un problema. Tenemos un buen ejemplo en Vigo, en la comunidad de montes de Teis. Llevan años desarrollando una política ejemplar de regeneración ecológica del monte, erradicando las acacias y recuperando la vegetación autóctona. Por si fuera poco incorporan transversalmente a sus actuaciones la implicación y participación vecinal y la educación ambiental. Entienden que conservar el monte es solo una parte de un proceso largo y no se resignan a dar por irrecuperables errores pasados. Poco a poco están convirtiendo ese espacio forestal en un ejemplo de buena gestión, con sus problemas, claro, pero cuentan con el reconocimiento de las principales organizaciones ecologistas, cosa que tiene un valor relativo pero que conste. Mil primaveras más para esa comunidad de montes ejemplar.


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